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Círculos viciosos y profecías autocumplidas

Llamar “segunda ola” a secas a este nuevo brote de ingresos Covid que se experimenta en algunos lugares de España (como Navarra, La Rioja o Madrid) es de nuevo un ejercicio de manipulación social, y un burdo intento de comparar imponderables (marzo-septiembre). Ni se tenían al inicio ni se dispone fácilmente ahora de unos datos que sólo entonces nos permitirían establecer comparaciones. ¿Nos los ocultan? ¿Es fruto del descontrol e inoperancia del sistema autonómico que “nos hemos dado”?

Con respecto a lo que está sucediendo ¿cuál es el perfil de edad y salud? ¿Qué datos arrojan las autopsias de los fallecimientos actualmente? ¿Qué líneas de tratamiento se manejan y con qué resultados? ¿cómo es la evolución de los ingresos, e ingresos UCI?

Aparentemente en Madrid están al borde del colapso sanitario (ese que convierte en muerte asegurada a muchas patologías o accidentes comunes que normalmente entran y salen de la UCI). Sin embargo a día de hoy no podemos realmente verificarlo con algo similar al canario en la mina, esto es, una información en tiempo real de la ocupación total, efectiva, de las plazas hospitalarias (públicas y privadas) y especialmente las unidades de cuidados intensivos, sensible al deterioro y las bajas de personal sanitario y auxiliar.

No nos damos cuenta pero estamos metidos en un preocupante círculo vicioso de enfermedad y miseria del que no saldremos sin forzar un cambio de inercia. Cambio que pasa necesariamente porque alguien se responsabilice de la situación colectiva y su solución, pero no parece haber nadie.

Las profecías autocumplidas funcionan de esta forma: acabamos (aunque sea inconscientemente) haciendo aquello que propicia la situación que tememos.

En nuestro caso: se crean las condiciones del colapso, con recortes y precariedad, se elimina de facto la atención primaria (hay que rastrear a cualquier precio, nos dicen), dejando al libre albedrío un sinfín de enfermedades que se atienden telefónicamente, se genera descoordinación, se entorpece la investigación de tratamientos, la correcta disposición de datos, la gestión de recursos… y mientras tanto someto a la población a una campaña de terror e incertidumbre constante, generando inmuno-depresión en la población y otros problemas derivados que se siguen agravando porque no se tratan.

Evidentemente no sólo se terminarán colapsando los hospitales, sino que habrá más casos UCI, con covid y por covid, y por positivos en pruebas PCR (sean sanos covidianos con otras enfermedades, o enfermos de covid con otras patologías graves). Aparte, en algún momento la montaña de casos ajenos al COVID acumulándose “para mañana” se derrumbará, y no es una sanidad receptiva lo que encontrará esa oleada de casos.

Un círculo vicioso e infernal el que nos envuelve. Y del que la vacuna emergerá como una solución cada vez más deseable. No funcionará, pero será muy lucrativa.

Todo ello alimentado por los peores y más paralizantes miedos del sapiens moderno, que no son otros que el miedo a sufrir, o que te dañen, y el miedo a herir o dañar al otro.

En la periferia, los sicarios financieros esperan su turno como pacientes pescadores para pasar la red en río revuelto (o dinamitado) con lo que quede de nosotros, y de las pocas riquezas que aún nos queden, que serán más escasas con cada “nueva oleada”.

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