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El estado nunca es el pueblo

Por Carlos Regalado:

El estado nunca es el pueblo @ Cuenta tu caso

El estado nunca es el pueblo. El estado es la emanación jurídica del pueblo (NACIÓN). Hoy día vivimos en un régimen donde la NACIÓN no controla al estado mediante el «check and balances» que significa contar con una separación de poderes de raíz, en donde la NACIÓN y el estado están separados. La NACIÓN legisla mediante la representación política ligada al establecimiento de un sistema electoral mayoritario de diputado de distrito (la representación pura se da cuando el representante puede ser depuesto de su cargo si no cumple con su mandato sin tener que esperar a las siguientes elecciones), el estado ejecuta (ejecutivo) mediante el presidencialismo (presidente escogido separadamente). Sin esto, España deambula en la noche oscura de la representatividad, un desierto inerte llamado partidocracia, donde los partidos formaban una oligarquía y podíamos afirmar que los partidos eran el estado ya que eran, en su CONSENSO, decisores de leyes y decisores del rumbo político de la nación, absorbida en su seno.
Hoy vivimos la metamorfosis de esta oligarquía de partidos descrita en el párrafo anterior hacia un régimen en donde la facción de izquierda (el frente popular se hicieron llamar hace casi un siglo) se ha hecho con las riendas nuevamente eliminando del juego y del CONSENSO nacido de la transición a la facción de derecha (hoy todo lo que no es Frente Popular es Extrema derecha). Se crea entonces una nueva oligarquía solo de izquierda (puramente socialdemócrata, interesada, embustera) que ostenta todo el poder del estado. Y esta avanza decididamente hacia el establecimiento de la excepcionalidad como norma con la excusa plandémica (basado este avance en datos manipulables de «casos» diagnosticados por unos test PCR que fallan más que el tiro al pichón) , lo cual supone establecer una dictadura de facto.

Vivimos en el establecimiento de la excepción como norma. Estados de excepción rutinarios con la excusa de la pandemia hasta que la gente no recuerde cual era la normalidad (la vieja, la otra). Entonces implantar la dictadura es fácil porque ya muchos se habrán creído que es por su bien, y trabajarán a favor de la tiranía. Nos venderán dictadura como democracia como ya nos vendían partidocracia como democracia. En España vivimos en la metamorfosis del regimen, de una partidocracia u oligarquía de partidos a una dictadura que simule ser un juego entre partidos, pero esta vez solo uno tendrá el control del poder, de las elecciones (fraudes masivos en base a las nuevas tecnologías de conteo y el voto por correo), de todo. «Todo en el Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado«

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